Sorpresivamente he percatado que no cumplo con las expectativas de los demás. Todos al verme, me dice “estas igual”. Como si fuera necesario cambiar, ¡imperativo!, o como si ese imperativo de cambiar fuera de apariencia.
Me dejan ser entonces sospechosa, frente al show de ser distinto. ¿Acaso soy igual al resto?. De ser así, ¿cuál seria el problema de serlo?
Qué murmuran todos que no dejan de mirarse, como pantomimas animadas que luchan por ennegrecer aun más su mundo, por pelearse porque no quieren ser otros, pero ¿buscan ser “otros” o ser esos “otros” que son “más”?… en esa búsqueda de ser rock star, terminan siendo todos iguales: amargados.
Prefiero sentarme a contemplar esa búsqueda de diferencia, que los iguala y reírme.
A ojos ciegos, oídos sordos. Mejor no escuchar su palabrería insensata de agobiada vida de estándares que buscan romper el mundo. No rompen nada más que su alegría de ser iguales.
M.
7 septiembre 2009
08 septiembre 2009
Muros Santiaguinos
04 septiembre 2009
Deseos
No se por qué apareces frente a mi, como si se impregnaran de miradas los rincones de esta ciudad que no es tuya. Nunca lo fue, ni siquiera la conoces. Pero parece que rondaras mi habitación.
En la actualidad sólo me quedan sensaciones, de algo que pudo ser bonito, mágico y prometedor. Así tambaleo en mi entorno, en las mañanas emerjo recordando lo que nunca tuve y cada día parece poblarse de emotivas nostalgias, de labios nunca besados, de cuerpos nunca compartidos; lo siento como si hubieran existido, mas allá de las ansias que me daban verte sonreír.
M.
5 septiembre 2009
sueños de frontera
03 septiembre 2009
crecimiento
02 septiembre 2009
Aromos (copos amarillos)
Como los reflejos del sol, que quedan prendidos de las copa de los árboles. Caminaba por los senderos, pisando escarcha, a tomar la micro. Todos los días hacia el mismo recorrido para ir a la escuela. A veces entre los escampados de tormentas, algún copo amarillo se asomaba.
Pero cuando el amarillo llegaba a la copa de los aromos, era ya momento de alegría, la primavera llegaba. En ese entonces, a mis 12 años, esto significaba vacaciones seguras y más horas para jugar.
M.
