31 julio 2013

Moral de un Kiltro

Que me disculpen, pero frente a los hechos, sólo puedo decir: soy como un kiltro, que llevo incrustado ya en mi ADN generaciones de generaciones el esfuerzo o trabajo diario para conseguir el pan. Por lo mismo, me empelota la cuiqueria que tiene impregnada su ineficiencia, y constante exigencia de que “hay que comprenderlos”, solucionarles sus incapacidades y poca facultad para arreglar por ellos mismo los problemas… a costa de quienes tenemos la moral de un kiltro de hacer las cosas bien y por nuestra manos. Díganme resentida social, pero mi vida me ha lo confirmado y no he podido salirme de este prisma.

16 abril 2013

Jardin




Mi espacio de libertad... llegando a pie, viene distintos hombre y mujeres a converger en un solo camino... volvi del norte, cargada de fotos, imagenes, renecuentros y emosiones.
Una whipala del carnaval, este 22 de abril una caminata de Chile, por el agua que se nos va... que nos quitan, nos la ensucian...

Me siento a ver mi pequeño jardin y contemplo... el encierro de mi ciudad, una caja, con sonidos rutinarios que se acumulan, poca diferencia tiene de una carcel.

Entonces cuando el corazon ya no da mas, y la cabeza golpea frente al computador: salgo, camino por las calles de mis barrio: hay dominicanas, haitianos, peruanos, nortinos, santiaguinos, viejitos de toda la vida del barrio, migrantes, jovenes, niños...mi espacio de libertad ¿como un gheto?
es mi comunidad

asi va... como mi pequeño jardin.

13 diciembre 2012

sin nombre


Entonces en un suspiro
… en un espacio práctico
Cotidiano
Aburridamente cotidiano!
Exageradamente común
Abismantemente encerrado
Chico, estrecho, pequeño, cerrado, ultracerrado y mas bien dicho conservador
Como la oficina de un trabajo
En el piso 19
de un edifico en Avenida Apoquindo
de un encierro supuestamente iluminado, pues las ventanas son verdaderas rejas
de ahí…
un suspiro.
Buscando una foto de Tellier
halle a tu madre; y de tu madre a su vientre; y de su vientre un niño, que era un hombre
-o que se presentaba como hombre por esos años, donde yo era mas niña-
Se camuflo,
en la ventana…
un suspiro.

28 noviembre 2012

suspiro de esperanza


Me parece aun bello... el silencio de la tarde en santiago,
en verano corre viento, mi gata se asoma a la ventana, los niños del condominio juegan, se siente una sonrisa en el cielo.

Un murmullo que trae el viento de primavera... un aire que nos dice que falta poco... ¿para qué?
Poco importa... pues es un suspiro de esperanza esparcido en un conjunto de paredes que solo miran al cielo.

M.

21 noviembre 2012

murmullo


Hace tres años estaba en un sala de piso de madera, dejando entrar el aire por la ventana, oyendo las voces de la calle que entraban subiendo al tercer piso... respirando, profundo y concentrada, entregada al ritmo de lo que hasta el momento no conocía...

compartía esa sensación, de a veces angustia, a veces relajo, de profunda convicción y cariño por el aire que entra y sale de los pulmones, exprimiendo al limite la mente en su punto más delgado. Agitaciones, palmoteos, carraspeo y a veces tos... pero siempre ahí sonaba un murmullo, que en invierno era frío, lleno de nieve, lluvia, de pocos y rápidos pasos, de golpes en las puertas del bar de la esquina por quienes entraban y salían. En primavera fue un sol que entraban con aires candentes, vitales, de murmullos de personas, de los paisanos senegaleses sentados en la plaza parloteando, de las copas de las cañas que chocaban en las mesas de las terrazas de Tirso de Molina, el sonar de una guitarra y el jugueteo de un par de gitanos que cantaban flamenco... todos los martes cuando mi corazón reposaba para hundirse en el respirar, respirar y respirara de mi mente.

Hoy después de un enorme paréntesis, me encuentro recobrando ese lugar, repoblando aquello que aprendí a conocer, con el ritmo del aire que entra y sale de uno... sentada en un piso de madera, de un salón añoso, acompañada de otros sincopados cantos, en donde se camuflan los murmullos de niños que juegan futboll en la chancha de afuera, donde pasa y entra gente, donde se siente la gata del club escamotear los techos y los visitantes, donde a ratos el murmullo se interrumpe por un golpetazo de la pelota en la pared colindante, un respirar agitado... volver a centrarse, de tomar el ritmo de saberse en el mundo.

Dos parajes diferentes, distintos murmullos... un sentir nuevo pero con sabor conocido, un viajar al pasado recobrando el futuro... volviendo, siempre volviendo con ese sonar del aire.