16 abril 2013

Jardin




Mi espacio de libertad... llegando a pie, viene distintos hombre y mujeres a converger en un solo camino... volvi del norte, cargada de fotos, imagenes, renecuentros y emosiones.
Una whipala del carnaval, este 22 de abril una caminata de Chile, por el agua que se nos va... que nos quitan, nos la ensucian...

Me siento a ver mi pequeño jardin y contemplo... el encierro de mi ciudad, una caja, con sonidos rutinarios que se acumulan, poca diferencia tiene de una carcel.

Entonces cuando el corazon ya no da mas, y la cabeza golpea frente al computador: salgo, camino por las calles de mis barrio: hay dominicanas, haitianos, peruanos, nortinos, santiaguinos, viejitos de toda la vida del barrio, migrantes, jovenes, niños...mi espacio de libertad ¿como un gheto?
es mi comunidad

asi va... como mi pequeño jardin.

13 diciembre 2012

sin nombre


Entonces en un suspiro
… en un espacio práctico
Cotidiano
Aburridamente cotidiano!
Exageradamente común
Abismantemente encerrado
Chico, estrecho, pequeño, cerrado, ultracerrado y mas bien dicho conservador
Como la oficina de un trabajo
En el piso 19
de un edifico en Avenida Apoquindo
de un encierro supuestamente iluminado, pues las ventanas son verdaderas rejas
de ahí…
un suspiro.
Buscando una foto de Tellier
halle a tu madre; y de tu madre a su vientre; y de su vientre un niño, que era un hombre
-o que se presentaba como hombre por esos años, donde yo era mas niña-
Se camuflo,
en la ventana…
un suspiro.

28 noviembre 2012

suspiro de esperanza


Me parece aun bello... el silencio de la tarde en santiago,
en verano corre viento, mi gata se asoma a la ventana, los niños del condominio juegan, se siente una sonrisa en el cielo.

Un murmullo que trae el viento de primavera... un aire que nos dice que falta poco... ¿para qué?
Poco importa... pues es un suspiro de esperanza esparcido en un conjunto de paredes que solo miran al cielo.

M.

21 noviembre 2012

murmullo


Hace tres años estaba en un sala de piso de madera, dejando entrar el aire por la ventana, oyendo las voces de la calle que entraban subiendo al tercer piso... respirando, profundo y concentrada, entregada al ritmo de lo que hasta el momento no conocía...

compartía esa sensación, de a veces angustia, a veces relajo, de profunda convicción y cariño por el aire que entra y sale de los pulmones, exprimiendo al limite la mente en su punto más delgado. Agitaciones, palmoteos, carraspeo y a veces tos... pero siempre ahí sonaba un murmullo, que en invierno era frío, lleno de nieve, lluvia, de pocos y rápidos pasos, de golpes en las puertas del bar de la esquina por quienes entraban y salían. En primavera fue un sol que entraban con aires candentes, vitales, de murmullos de personas, de los paisanos senegaleses sentados en la plaza parloteando, de las copas de las cañas que chocaban en las mesas de las terrazas de Tirso de Molina, el sonar de una guitarra y el jugueteo de un par de gitanos que cantaban flamenco... todos los martes cuando mi corazón reposaba para hundirse en el respirar, respirar y respirara de mi mente.

Hoy después de un enorme paréntesis, me encuentro recobrando ese lugar, repoblando aquello que aprendí a conocer, con el ritmo del aire que entra y sale de uno... sentada en un piso de madera, de un salón añoso, acompañada de otros sincopados cantos, en donde se camuflan los murmullos de niños que juegan futboll en la chancha de afuera, donde pasa y entra gente, donde se siente la gata del club escamotear los techos y los visitantes, donde a ratos el murmullo se interrumpe por un golpetazo de la pelota en la pared colindante, un respirar agitado... volver a centrarse, de tomar el ritmo de saberse en el mundo.

Dos parajes diferentes, distintos murmullos... un sentir nuevo pero con sabor conocido, un viajar al pasado recobrando el futuro... volviendo, siempre volviendo con ese sonar del aire.

23 octubre 2012

El presidio


Frente al presidio, me siento libre… merodeando la boca del lobo, yo me siento libre.
En un inicio caí bajo la penumbra, de saberme obligada a sobrevivir bajo las garras de la codicia, de aquellos –pocos y sólo 10 familias aristocráticas de chile- que dominan y quieren meterse todo a los bolsillos, transformar un árbol el papel para billetes y el agua en bien escaso, para venderlo caro y más caro aun.
El silencio me enseño a oír… y aun bajo la sombra, de sentirme corroída, logro verme como un animal que, por muy domestico, aun tiene en si la naturaleza indómita.
Porque no nos dominan; nunca entregue mi alma al orgullo de las baratijas que me cuelgas para hacerme sentir “distinguida”.
Ni los viajes en avión de madrugada –en tu compañía aérea para aumentar los $
Ni los hoteles de “empresarios” – llenos de imbéciles conectados a su blackberry  barrigones comiendo solos, pero con el orgullo de sentirse “exitosos” incrustados en su papada.
Ni bajarme en el metro el Golf todas las mañanas – como tantos que para fingir el éxito, se gasta en sueldo en la chaqueta, el zapato o el teléfono que ostentan, aunque vengan desde Estación Central.
Ni tu palabrerías sobre el triunfo –frente a un universo de gente que cada día te hace bajar más puntos en la encuestas.
Porque tu podredumbre empolvada de “alcurnia” no hace más que soñar con comprarse un castillo en España (aprovechando la crisis) para poder lograr se Rapunsel y tener lo que tras generaciones ¡y siglos! nunca tu ascendencia tuvo: nobleza y alcurnia. Ni hoy tu modelito yanqui te puedes sacar el karma de ser uno de los ocupantes de este territorio americano.
Porque lo sabes, tu inteligencia es el negocio, la explotación y el aprovechamiento de los otros. Mi inteligencia es oírte, saberme libre aunque creas dominarme (dominarnos), de disfrutar un asado bajo el árbol, el valor del conocimiento tras la pelea por poder estudiar, la experiencia de caminar por la calle, la vida que tu y tus congéneres nunca lograran entender.
Y me pides que lea a Tellier, que te extraiga el poema “que retrate la Araucanía”, para ponerlo en tu etiqueta “patrimonial” para ostentar ante tus iguales que sensible y como sabes. 
Pero soy yo quien me inundo de un maravilloso silbar de hojas… para de manera soberbia decirte que nunca lograras entender ese murmullo; porque Tellier es -así como yo- alguien que vivió la calle y la sobrevivió; que tu limitada avaricia nunca lograría comprender un poema, ni lo que es vivir en Lautaro.
Frente a ello, ¿quien esta en el presidio? mirando desde el piso 19 Chile, el Chile que no comprendes, que nunca podrías entender… aunque te trabajemos, el país no te pertenece, no te reconoce, ni te cree…
A tu miedo, te puedo decir que soy –y somos- libres, libres de sabernos lugareños (y no ladrones) de esta tierra.
Así me sonrió, en silencio, frente a tu ignorancia que tapas con billetes.