26 octubre 2010

o novo território (ou, muito gosto Senhor Falcon)

não sei como você se afastou desta existencia... mas você existiu degando lembranças.
você não me conheceu, eu tampouco; mas hoje tenho muitas pergunas para você.
Sei só historias duma tristeza... e de sua morte. Sei que deixo a vida, de forma tortuosa, en ninguém sabia melhor que você sua situação.
Mas fique tranqüilo, porque nossos lembramos sua pessoa, deixo grandes amigos... e sua vida pelo pequeno pais du sul não foi esquecida.
Agora eu vou saber de você, eu procuro uma viagem de volta (para você e para meu, de ida, quizas?) voltar onde você foi... e será sempre!. Com sua ayuda vou chegar, escutar suas palavras, sua gente e morar em sua cidade. Eu vou pra lá, Bahia me falara de você e eu falare de nossa saudade.
O caminho de frente... o Senhor Falcon, muito gosto, vou entrando en sua língua, em sua casa... tenho muito que contar lhe de minha familia, desde que você partiu.. em seu honor estudo portuguêis.
Obrigada.

M.

29 septiembre 2010

… a la hora de yoga.

A las 6.30 am, las lagañas pegadas, salen mis pies, cruzo calles y subo a la micro.

Colgando el Mat, ropa cómoda… ahuyentando el smog que en las próximas horas caerá en la ciudad, con espíritu de trabajador madrugador.

Y aunque mi espíritu se siente libre, dispuesto y alegre… de ver clarear el alba… No existe la misma sensación en todos.

Un vistazo por la micro, caras sentadas en lo sueños que nunca llegarán a ocurrir, cabezas cubiertas por gorros que tapan orejas, ojos y bocas… pantalones manchados y zapatos pintados, dormitazos en la ventana de la micro, que ya no prestan atención al despertar de la mañana, sin sonrisas, sin ánimo…

En verdadera angustia se levanta Santiago. El Santiago que construye, que abre puertas, que vende diarios, que ordena la ropa de las tiendas, quienes entregan el pan…

Santiago que suda, no en una clase de yoga, sino Santiago que suda lo que otros sólo suspiran… Dicen que ¡con gran esfuerzo suspiran!, en apretados trajes grises.

La ciudad se despierta sobre los hombros de tanta, tanta gente… que acumula el sueño de todas las madrugadas que por generaciones les ha toca que sacrificar.

M.

07 septiembre 2010

El "hoy"

La distancia… se lleva siempre ahí; pues entre más se pega a ti, parecieras correr el riesgo de romperte, y cuando a ratos te topa, te quema. Al punto que no sabes como amaneces con marcas en el pecho, en aquel rincón pequeño que se dejar ver entre el hombro y el cuello.

Una risa que soporta el peso de tus labios, es sanador… aunque sabes que mantienes una especie de dimensión secreta para no desenmascarte “del todo” frente a los acontecimientos.

La vida va ahí, rotando el peso de tu cuerpo de un pie a otro, para tener el equilibrio y saber cuando puedes soportar. Equilibras la desidia, la esclavitud y la impunidad, estampada en tu frente, con la esperanza y libertades proyectadas a un futuro… en ese otro lugar que algún día te recibirá de brazos abiertos.

Sobrevivimos con esa imagen mesiánica, que día a día puede dar sentido, aunque sabes que ese “hoy” no existe. El que existe, expele un olor a muerte dejando a todos inmóviles, copando las calles, las miradas y las manos, posándose en el living de tu casa, sonriéndote complacientemente mientras tomas once, asechando todo momento para darte, no una puñalada, sino quemarte con bencina si es necesario…

Ese “hoy” con hálito de tumba, va sepultando cada día más, y más personas… y lo que antes se llamaba diablo, es casi insignificante frente a la malingnidad de este nuevo “hoy”, que no renueva, que sólo va descomponiendo, con tanta sutileza... ¡o incluso a la fuerza!, sobretodo para quién trate de instalar esa imagen mesiánica en el “hoy”. La justicia no existe, la verdad no se pronuncia, ni se permite la sensatez.

Entonces ¿te sorprendes de las huellas de tu cara en la mañana?, ¿Qué otras cicatrices carga tu cuerpo?, ¿Por qué duele ya no sólo el corazón, sino la columna?... ¡nueva esclavitud vendida de modernidad! ¿Cuánto más quieres de mi?... revuélcate, porque no será fácil.

Yo estoy tranquila.

M.

28 julio 2010

Deslumbramientos

Quisiera saber cómo unas manos alzadas podrían distinguir entre tantos sentimientos,
de los que ya no pueden ser nombrados.
¿Qué desquiciada recurrencia?
Pasos insensatos hacia lo falso, para lo que nunca ocurrió... pero que habita con mayor fuerza,
con necesidad vital por volver a revivir espacios corporales nunca conocidos.
Así entonces, arden no sólo los genitales
-como bestias embelecadas por los síntomas primaverales-,
sino como humanos enajenados por ensoñaciones,
por lo inalcanzado
ante ello… sólo quedan satisfacciones falsas, manos limpias… de las que tocan, pero no hacen nada.

17 julio 2010

Perfección

Un día me levante y deje las llaves en mi casa… me angustié y ofusque tanto por aquel error, que termine cambiando la chapa de mi casa.

Después me llamaron de un trabajo y dude… por lo incierto que parecía, así que lo negué. Al mes siguiente estaba arrepentida, trabajando en algo que no quería y deseando el que había rechazado.

Una tarde recibí una carta, mi proyecto había sido rechazado porque olvide traducir dos documentos… me emborrache pensado en mi desgracia y que era lo que me impedía surgir ¿por qué me equivocaba tanto?

Caminaba por las calles sintiendo mi desdicha y los rincones de esta siniestra ciudad parecían idóneos para que pesaran aun más los hombros.

Quise entonces escribir y la pluma que mi padre me regalo estaba tapada. La lave 2 ó 3 veces y no podía escribir con ella… entonces un día, la deje con agua aun mas calienta sobre la estufa, termino derretida e imposible de utilizar. Maldije mi desgracia y mi descuido… miraba a todos con los ojos rojos y la garganta chirriaba de rabia al punto de no poder sostener los dientes.

Quise hacer una fiesta para revertir mi desdicha… y faltaron casi todos. Comí sola en la noche la cena. Entonces llore y llore, me llene de mocos y mis amígdalas se hincharon, las venas del cuello pulsaron y los ojos explotaban de pus…

Casi muerta de fiebre, 3 ó 4 días… fui débil, tan débil que ni podía cocinar, ni caminar. Llore las noches y los días. Supe que no había algo acertado, que todo podía errarse, que no era perfecta y me equivocaba.

Desperté sudada e inundada de mocos, tratando de ver clarear el día, en un universo perfecto, pero inmanejable por nosotros.

M.