Hace 5 días
26 marzo 2012
poema popular para mi laucha
mi lauchita hermosa, quiero dormir toda la mañana contigo
tomar desayuno tranquilos
y comer a la 1, almuerzo juntitos,
no me gusta estar encerrada
en una oficina pareada
de gente que no sabe, ni tiene
una laucha para comer a las 9
a las 10, a las 23.00
a toda hora para roer!
22 marzo 2012
mar del sur
Cuando por casualidad te colocas en la otra vereda... sin
necesidad de camuflarte, te confunden; escuchas cosas que no te contarían si
estuvieras en plena calle... ahí, sin pudor, se caen las caretas y ves rostros
que se tapaban bajo lemas democráticos, diplomáticos y progresistas!... me rio,
me rio... navegando en este nuevo mundo, como un pirata por el mar del sur... que para no tentarme me tapo los oídos y me enfrento a los monstruos!... en silencio y con cautela, hasta hallar la rivera para desembarcar y armar campamento.
02 marzo 2012
en espacio de tiempo indeterminado
... buscando los porotos, viviendo los pocos momentos que me queda de verme encerrada -de nuevo- en los quehaceres esclavista de una "labor" sutentable, solo para poder comer porrotos con riendas y chunchules... añorando el sur, como si fuera la abertura al mundo más magico de la olla interminable de ricuras que mi madre hace..
Na Babylon... morando nela, sim saber pelo quantos dias mais posso de aguentar... procurando meu ponto de equilíbrio...
boa vida!, positive vibração!... meus irmãos!
Na Babylon... morando nela, sim saber pelo quantos dias mais posso de aguentar... procurando meu ponto de equilíbrio...
boa vida!, positive vibração!... meus irmãos!
03 enero 2012
El Cuento de la Bruja Negra
flotando como muerto, en un río abandonado, a punto de cruzar el otro año, dispuesta a renacer...
Fui masacrada en el escenario de una reunión de coordinación, en plena discusión sobre la postcolonialidad, y los egos hinchados de tanto veneno me ultrajaron, sacando las pocas ilusiones que aun tenia de aquel “espacio democrático”. Las yagas supuraban, deshaciendo en pedazos cada una de mis partes, fui robada de todos mis principios, como quien inocentemente los expuso para colaborar con la construcción de un mundo mejor, en una mesa de reuniones de académicos dispuesto a relevar la igualdad humana, pero a no hacer nada concretamente.
A las heridas se sumo la mirada inconsolable que tenia una ciudad monstruosamente bella, que te fagocitaba sin darte cuenta; como una persona de rasgos obscuros, mirándote con grandes ojos blancos lo que tu ibas a pisar. En cerrándote en laberintos y callejuelas, la ciudad tomaba vida, como una persona que podría ser un canival, que a la vez de mostrar su más hermosa cara salvaje, podía maldecirte comiéndote en una escena ritual de la cual no me había dado por enterada... los delirios nocturnos, de persecuciones e hipocresías, no dejaban ver con claridad el camino de salida, y aquella agobiante mirada de un ser compuesto de miles de personas, me comía cada día para despedazarme y escupirme lejos del alcance de sus habitantes.
Llegue a esa ciudad amándola, deseando entregarme a sus bondades, pero como una vieja bruja negra, sabia mucho más que yo... y lo que no debía hacer. Sucumbí, como quien experimenta por primera vez el inicio de la muerte, sabia entonces que ya no jugaba con supersticiones, sino con la vida misma... fui entonces acribillada, rota por mil pedazos y cocida nuevamente para ser lanzada a un río de los suburbios a flotar eternamente para lograr llegar al mar.
El mar... el mar azul. El Atlántico me curó, como cuando los piratas varaban en alguna perdida playa ya dispuestos a la muerte, donde las aguas lograban salar todas las cicatrices y así revivir de entre los muertos. Un traje azul me fue puesto, una sonrisa marina al borde de la playa, una diosa materna a quien le debo la vida, me recojio.
Con las fuerzas suficientes, de quien aun tiene la peste entre sus músculos y la fiebre aun sin desaparecer, logre huir de aquel grande monstruo de ojos blancos, de penetrante mirada y construido de miles de hormigas obscuras que me amenazaban por deshuesar; llegue a la otra ribera de este mundo de fantasmas, para descansar en una arena blanca, a base de ron y coco, logrando recobrar los sentidos tras la ruta de un tesoro, escondido en una ciudad sufriente aun por su historia inconclusa. Reviví.
Pero la viajera a un universo intraducible, aun sufría de los estruendos y temores, la perseguían aun los fantasmas de haber rondado en el otro mundo profundo, del cual todos negaban su existencia, pero que había visto con sus propios ojos, experimentado con su propia carne y sobrevivido con su propia alma. Deambulé por mi ciudad, escondiéndome, pasando desapercibida, sospechando de toda mirada, procurando no encontrarme con aquel monstruo negro, que demoniacamente había exigido mi vida a cambio de permanecer en su mundo. Los delirios cesaron, se calmaron los sueños y vime de nuevo frente al mundo, mi mundo, pero con la mirada de quien ya tiene el secreto acuñado en su espalda... caminé nuevamente sin saber que hacer, para buscar un nuevo espacio, suspirando con el consuelo de que todo me era conocido, con un brillo en los ojos de sabiduría de haber vuelto viva.
M.
A las heridas se sumo la mirada inconsolable que tenia una ciudad monstruosamente bella, que te fagocitaba sin darte cuenta; como una persona de rasgos obscuros, mirándote con grandes ojos blancos lo que tu ibas a pisar. En cerrándote en laberintos y callejuelas, la ciudad tomaba vida, como una persona que podría ser un canival, que a la vez de mostrar su más hermosa cara salvaje, podía maldecirte comiéndote en una escena ritual de la cual no me había dado por enterada... los delirios nocturnos, de persecuciones e hipocresías, no dejaban ver con claridad el camino de salida, y aquella agobiante mirada de un ser compuesto de miles de personas, me comía cada día para despedazarme y escupirme lejos del alcance de sus habitantes.
Llegue a esa ciudad amándola, deseando entregarme a sus bondades, pero como una vieja bruja negra, sabia mucho más que yo... y lo que no debía hacer. Sucumbí, como quien experimenta por primera vez el inicio de la muerte, sabia entonces que ya no jugaba con supersticiones, sino con la vida misma... fui entonces acribillada, rota por mil pedazos y cocida nuevamente para ser lanzada a un río de los suburbios a flotar eternamente para lograr llegar al mar.
El mar... el mar azul. El Atlántico me curó, como cuando los piratas varaban en alguna perdida playa ya dispuestos a la muerte, donde las aguas lograban salar todas las cicatrices y así revivir de entre los muertos. Un traje azul me fue puesto, una sonrisa marina al borde de la playa, una diosa materna a quien le debo la vida, me recojio.
Con las fuerzas suficientes, de quien aun tiene la peste entre sus músculos y la fiebre aun sin desaparecer, logre huir de aquel grande monstruo de ojos blancos, de penetrante mirada y construido de miles de hormigas obscuras que me amenazaban por deshuesar; llegue a la otra ribera de este mundo de fantasmas, para descansar en una arena blanca, a base de ron y coco, logrando recobrar los sentidos tras la ruta de un tesoro, escondido en una ciudad sufriente aun por su historia inconclusa. Reviví.
Pero la viajera a un universo intraducible, aun sufría de los estruendos y temores, la perseguían aun los fantasmas de haber rondado en el otro mundo profundo, del cual todos negaban su existencia, pero que había visto con sus propios ojos, experimentado con su propia carne y sobrevivido con su propia alma. Deambulé por mi ciudad, escondiéndome, pasando desapercibida, sospechando de toda mirada, procurando no encontrarme con aquel monstruo negro, que demoniacamente había exigido mi vida a cambio de permanecer en su mundo. Los delirios cesaron, se calmaron los sueños y vime de nuevo frente al mundo, mi mundo, pero con la mirada de quien ya tiene el secreto acuñado en su espalda... caminé nuevamente sin saber que hacer, para buscar un nuevo espacio, suspirando con el consuelo de que todo me era conocido, con un brillo en los ojos de sabiduría de haber vuelto viva.
M.
29 diciembre 2011
Silencioprologadobajoarbolesquenotapanel sol
Me
sorprende la ausencia, el por qué no respondiste, qué callaste al
tratar de no herirme, o qué ocultaste al no volver nunca más a
escribir. Te transformaste en fantasma, se diluyo finalmente entre
todos los murmullos, tus recuerdos no volvieron a ser nada
significante, ni para buscar en alguna gaveta a modo de revivirlos y
pasar noches y tardes enteras REcordando situaciones tuyas, mías, de
ambos juntos, como universitarios infantiles que se acompañaban en
el ocaso.
Los
sonidos y susurros, fueron murmullos como de tantos otros recuerdos,
pasando a segunda selección, por otros más vitales que la habitan
amigos profundos con los que aun hoy mantengo contacto. Tu te
ocultaste, me maldeciste de alguna forma, te negaste, te borraste, te
saliste, huiste, moriste, por elección propia.
Tu
cobardía se reflejo en el silencio.
Me
importo. Me importo mucho, cargué las espinas rabiosas que dejé
remojando en marihuana y vino tinto, para salir flotando de mis
REcuerdos, que pasaron a ser comunes y silvestres, sin siquiera
herirme, así: te maldije, te negué, te saque, te borre, te mate,
por decisión mía.
Pero en
un claro y luminosos invierno tropical, el calor fermento más de la
cuenta las bodegas, los murmullos salieron mohosos al descubierto,
con una extraña urgencia por no pudrirse en los fondos cajones de
REcuerdos “comunes y silvestres”; fue cuando me encontré con
trozos aun intactos de sonidos que hablaban de tu afición por los
olores, las carcajadas veraniegas, tu gusto por las zanahorias y el
pan con vinagre.
Vinieron
a mi-cara sonrisas de bonitos tiempos de amigos que se acompañaban
en el ocaso, para REconciliar o tratar de hacerlo, de algún modo,
con esos REcuerdos.
Pero fue
inútil, aunque me esmeré por desechar todo trozo podrido, me golpie
en el borde del labio, al verme de nuevo escribiéndote, esperanzada
que el silencio ya no era necesario... Pero aunque fuera insensato de
tu parte, no respondiste; me dijiste nuevamente con tu mutismo el
desprecio que me tenias, o quizás, tu ego no quería volverse a ver
“acosado” por palabras y verborreas embadurnadas de verdades
respecto de ti. Yo no te mentía, menos de ti... tu sabias el costo
de ello, yo no.
Me sentí
insólitamente estúpida habiendo creído posible una palabra de todo
esto. Me senté a escribir nuevamente.
M.
29 diciembre 2011.
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